En la víspera del 1º de mayo, la circulación de banderas palestinas en manifestaciones locales cuestiona la utilización de una causa ajena al mundo laboral uruguayo, denuncia desinformación y reivindica el sentido original del Día de los Trabajadores frente a consignas que distorsionan la realidad.
En las redes sociales está circulando intensamente en los últimos días un video de 28 segundos en el que alguien –cuyo rostro no se ve- cuenta con gran satisfacción que está imprimiendo 4.000 banderas palestinas de cara al 1 de mayo y comenta que falta organizar la distribución, que en esa cantidad “no es poca cosa”. Se ve a las impresoras trabajando, aunque a la bandera le falta la franja negra de arriba.
La forma de hablar del hombre que aparece, del que se ven solamente las piernas, puede sin duda ser de un uruguayo, aunque no se puede descartar que sea un argentino. Por la cantidad de compatriotas que han compartido este video, estimamos que se originó en Uruguay, aunque no podemos afirmarlo contundentemente. E ineludiblemente me pregunto, si es así ¿qué tiene que ver el 1 de mayo con las banderas palestinas?
En los últimos años hemos sido testigos de un fenómeno que realmente inspira vergüenza ajena, de organizaciones o figuras que se presentan como defensoras de los derechos humanos y símbolos de libertad y democracia, que abrazan a los palestinos, como si fueran sinónimo de la lucha más justa del planeta. Hacen caso omiso de los horrores del 7 de octubre que fue apoyado también por numerosos civiles palestinos, de las abiertas declaraciones de figuras palestinas-no sólo de Hamas-llenas de odio al defender la eliminación de Israel y salen a manifestar con carteles que son o antisemitas o ignorantes con lemas como “Palestina será libre desde el río hasta el mar”. Eso significa sin Israel. Esa es la “causa”, vivir en lugar de Israel, no a su lado.
¿Qué tienen que ver los trabajadores uruguayos con eso? ¿No les da vergüenza a quienes preparan esas banderas en su nombre, ensuciar el digno esfuerzo diario de la gente trabajadora con mentiras y demonización de Israel?
Las banderas, evidentemente, alguien las paga. ¿Será que también reciben dinero quienes salen a manifestar y marchar por las calles, o quienes los organizan? Y si es así ¿de dónde viene el dinero? Estimo que no de organizaciones que se preocupan realmente por los derechos humanos.
Si quienes organizan esta iniciativa de marchar con banderas palestinas el 1 de mayo, sea en Montevideo o Buenos Aires, realmente quieren hacer justas reivindicaciones, se me ocurre que los organizadores de la movida podrían preguntarse qué ha hecho la organización terrorista Hamas que gobierna Gaza desde junio del 2005, para dar trabajo digno a la población palestina de dicha zona.
O por qué los palestinos que recibían permiso de trabajo en Israel, festejaban como si hubieran ganado la lotería. Lo mismo pasaba en Cisjordania. En Israel a los trabajadores palestinos que ingresan legalmente se les reconoce todos los derechos laborales y están amparados por la Histadrut, la Confederación Nacional de Trabajadores de Israel. En entrevistas que realizamos a lo largo de los años a obreros palestinos en Israel, muchos nos dijeron claramente que prefieren sin lugar a dudas trabajar del lado israelí, por lo que ganan y por cómo los tratan.
Otro punto que lamentablemente me viene a la cabeza cuando se habla del día de los trabajadores y de los palestinos, es preguntarnos qué pensaron todos aquellos palestinos de Gaza que trabajaban en los kibutzim aledaños a la frontera y pasaron información clave a Hamas que los terroristas usaron en su ataque y masacre del 7 de octubre del 2023. ¿Creyeron que con eso alentarían a Israel a dar más permisos de trabajo? Los terroristas entraron con mapas y listas, sabían dónde viven figuras claves de cada kibutz, dónde se guardan las armas, en qué casa hay perros y mucho más. Peor aún, sobrevivientes de la masacre o parientes suyos dijeron claramente que miembros de sus comunidades reconocieron entre la muchedumbre de civiles palestinos que se sumaron a los terroristas y atacaron los kibutzim, a palestinos que habían trabajado allí.
Las palabras no alcanzan para describirlo.
De cara al 1 de mayo, en Uruguay y el mundo, escribiendo estas líneas desde Israel, quiero honrar a todos los trabajadores que de sol a sombra velan por el bienestar de sus familias, ganándose el pan en forma honesta. A todos los uruguayos hijos y nietos de inmigrantes, que recuerdan a sus mayores llegados de tierras lejanas, trabajando con enorme esfuerzo para iniciar una nueva vida digna y próspera. Judíos y no judíos por cierto. A los judíos que llegaron a su tierra milenaria, Israel, en diferentes olas inmigratorias, sumándose a los nativos “sabras”, redimieron pantanos y lograron desarrollar una agricultura ejemplar en una tierra naturalmente árida y con escasez de agua. A los trabajadores israelíes que también ahora arriesgan sus vidas al salir a los campos en los kibutzim aledaños a la frontera con Líbano, aún sabiendo que cohetes terroristas acechan del otro lado. A todos los que realmente trabajan con ahínco para salir adelante, y no pierden tiempo en propagandas que no aportan nada a nadie, con la que no pueden siquiera esconder que están sirviendo a intereses extranjeros que nada tienen que ver con los trabajadores.